(Published Wednesday 5th September 2007)
Uno de los temas más relevantes en la reunión de marzo del Consejo Asociado de la FIFA, en Suiza, sugirió que se deben considerar castigos más estrictos en contra de aquellos jugadores que, por estrategia, pierden tiempo durante el juego. Las enmiendas propuestas fueron que un jugador recibiría una tarjeta amarilla por cualquier intento de alejar la pelota después de que el árbitro haya señalado un tiro libre, o después de que un equipo marcara un gol. Me parece que, por primera vez, la FIFA está haciendo un buen trabajo: una de nuestras principales prioridades es hacer frente a este asunto junto con los problemas de los jugadores que –como el Bofo- se dejan caer constantemente; así como el acoso de los árbitros. Sin embargo, hacer modificaciones tan pequeñas y detalladas a su “santo” libro Las Leyes del Juego, para mí no aborda totalmente el problema. Creo que tengo una mejor idea.
Los futbolistas han estado perdiendo tiempo durante muchos años, y sistemáticamente salen impunes, a pesar de que siempre han modificado las reglas para intentar impedirlo. En numerosas ocasiones he querido matar a españoles, italianos y argentinos cuando les veo acostarse en el piso durante 15 minutos con el dedo del pie “golpeado” (cuando van ganando, por supuesto). No obstante, la cantidad de tiempo suplementario casi nunca es mayor a cuatro minutos, y no importa cuanto tiempo el pasto ha sido acariciado por un trasero español, si tomamos en cuenta que en un periodo normal de 45 minutos, el balón suele estar vivo durante sólo 20-25 minutos.
Entonces, lo que propongo es que el reloj sea detenido cada vez que salga la pelota. La duración del juego se reduciría a una hora, con dos tiempos de una media hora; en realidad, el partido duraría lo mismo. Seguro que esto disuadiría a los tramposos, incluso, si su equipo ya está ganando, porque en este caso todavía tendrá el mismo tiempo para defender su ventaja.
Sé que este método podría causar un juego mucho más lento, como el futbol americano, pero para evitar eso tendríamos a los árbitros. Ellos impondrían las mismas sanciones a los tramposos para asegurar que el juego mantenga un buen flujo. Si un jugador, por ejemplo, alejara el balón después de una marcación, esto sería una tarjeta amarilla; pero estar ‘lesionado’ tendría que ser tolerado (es tan difícil determinar si los jugadores están fingiendo o no, pero con este sistema ni un segundo se perdería, porque el reloj se pararía).
Acepto que una idea como ésta sería radical. No estoy a favor de nuevas reglas que cambien nuestro juego totalmente; por ejemplo, el director de este periódico cree que los saques de banda deben ser reemplazados por tiros libres “para hacer que el juego de hoy –que cada vez es más aburrido- sea más emocionante”. Un cambio así, en mi opinión, aunque quizás animaría que los jugadores mantuvieran la pelota en la cancha, causaría que el deporte se convierta en un juego directo de puros pases largos en vez de un juego habilidoso de pases cortos. No obstante, siento que mi sugerencia para combatir un problema como la pérdida de tiempo, realmente sería benéfico para el deporte, y no veo por qué no deba ser probada en algunos partidos para ver si funciona o no. Por ejemplo, se podría poner a prueba en la Copa de Campeones de Europa (el torneo donde, lamentablemente, los jugadores hacen más trampa), y si tiene éxito, podría integrarse en nuestro deporte a una escala más grande.
Pero a pesar de todo esto, las grandes salas de banquetes de la FIFA nunca han permitido la entrada al aficionado normal que de verdad paga dinero para ver futbol. Entonces, con estos ‘Peces Gordos’ como encargados, tal vez sea yo quien esté perdiendo el tiempo.
Nicky Bremner